LA DISCIPLINA MILITAR

FEB 2007

Luis Pacheco Manya - Suboficial Segundo - IN.                                                                             

DIRECCIÓN GENERAL DE INTELIGENCIA DEL C.C. DE LAS FF.AA.


“El problema de la disciplina consiste en saber conciliar dos necesidades de la vida, diametralmente opuestas, de modo que se mantengan en sus justos límites: La de una obediencia puntual, para mantener el orden y trabajo y la de libertad e independencia, propias de la personalidad humana.”. E. W. Stevens.

 Entendemos que disciplina, es la actitud individual o colectiva que asegura una pronta obediencia a las órdenes y la iniciación de una acción apropiada en ausencia de órdenes; también, entiéndese como un conjunto de leyes y reglamentos que rigen cuerpos, instituciones o profesiones. Así como también, la observancia estricta de esta normatividad, prescindiendo de conveniencias o compromisos ajenos a los deberes para con la institución y la Patria.

 En cambio, disciplina militar, es el estado de acatamiento y obediencia consciente que existe entre el elemento militar y que se manifiesta como el pronto y voluntarioso cumplimiento de todas las órdenes impartidas y en ausencia de ellas interpretar la voluntad del superior, en su alcance y objetivos.  Exacta observancia de las leyes y reglamentos establecidos para los miembros de las Fuerzas Armadas, y el acatamiento integral de sus órdenes y disposiciones por todos y cada uno de dichos miembros.

 Estas y concepciones análogas que, en razón de la realidad, se han obtenido, a través de los tiempos, fuerza de axiomas incontrovertibles e irrefutables, priman en todas las organizaciones, como fecundos principios de la actividad social, política y militar.

 Nosotros, los uniformados, entendemos por disciplina la correlación y correspondencia de derechos y de deberes, aquella sinergia de la voluntad hacia un fin o un propósito determinado.

 Pero, en realidad, la disciplina se fundamenta en un sólido respeto a la autoridad constituida por Ley o por derecho que emana de la propia Ley, y entonces el principio abstracto, meramente individualista, adquiere carácter social y pasa a ser la base, el punto de partida, la piedra filosofal de los antiguos alquimistas, la razón de la existencia de toda Institución.

 Entonces, ¿qué diremos de la institución armada y del valor trascendente que, en su vida, en su funcionamiento, en sus modalidades, tiene o ejerce la disciplina?.

 Es imposible la existencia de Fuerzas Armadas si en ella no se amalgaman los lazos de camaradería a los vínculos de compañerismo, al espíritu de cuerpo, no se fusiona el factor disciplinario que envuelve los deberes de subordinación y de obediencia, de abnegación y de sacrificio.

 La política, que por diversos aspectos corrompe, divide y desnaturaliza las más altas funciones de autoridad, influenciando en todos los órganos de la vida social, en repetidas ocasiones ha intentado penetrar por desgracia en los recintos sagrados de los cuarteles para viciar la tradicional y austera vida militar, conmover los cimientos disciplinarios, buscando hacer de nuestras gloriosas Fuerzas Armadas un organismo fútil y frágil.

¿Cuál sería es efecto de tamaño trastorno?. Piénsese un momento en las pesadumbres nacionales del siglo pasado; medítese en los grandes males que las defecciones militares causaron en épocas de triste recordación y, en el acto, un gran grito de protesta saldrá de nuestros labios contra la política que, en sus malévolos designios, llegó en un momento dado, a penetrar en los cuarteles, de los cuales para felicidad, desaparecieron ya sus gérmenes engendradores de disolución, para no volver jamás.

 Somos ciertamente de los que creemos que el elemento militar jamás fue culpable de los grandes trastornos de la Nación. Respondiendo al reinado del medio, es posible ciertamente que se hubiese cometido algún desatino, ofuscado por el brillo de su caudillo o engañado por una idea enlucida, puesta de manifiesto con toda habilidad; pero, conocedores del alma de nuestros uniformados, seguros estamos de que su voluntad y su pensamiento jamás, ni en las más dolorosas horas de nuestra historia, fue al crimen o a la traición o a la defección con idea fija de cometer tales equivocaciones.

 En cuanto a la disciplina, nunca dejó, ni dejará de ser factor sensible de las filas de Fuerzas Armadas.

Es visible que, a raíz de la gloriosa guerra de nuestra Independencia, en cuyos ejércitos la disciplina   se ejercía en forma absoluta, sancionándose su falta, con pena de muerte, cual correspondía a los ejércitos en campaña, los Altos Mandos velaron siempre por su conservación, sosteniéndose la herencia heroica en toda forma.

 Por desgracia, cierta dualidad de funciones confiadas a nuestros militares vició la disciplina en un punto. Al ejército nacional, al ejército libertador sustituyó el ejército del caudillaje y, si en el interés de cada gobernante militar estaba el sostener la disciplina a toda costa, el alma del soldado se contaminó con el ambiente, respiró el aire del medio, su corazón y sus pasiones pudieron más que su pensamiento y sus ideales surgieron dentro de la fuerza nacional armada profundas divisiones, causas progenitoras de las más de cuarenta revoluciones que se han sucedido en nuestros ciento ochenta y cuatro años de vida independiente.

 Hoy la evolución trascendental en la vida de la Nación ha conservado, en debida forma, la disciplina en nuestras filas. La educación superior que hemos adquirido dentro de nuestra vida ha cuidado de mantener incólume la disciplina militar.

 

Creemos no engañarnos al exponer nuestro parecer negativo. Nos hemos engolfado en conocimientos de cierta técnica militar, hemos leído muchos libros de filosofía de la guerra y hemos dejado penetrar en nuestro espíritu sugestivas tesis sociales, olvidando que vivimos sobre las armas y que la vida práctica requiere más de psicología y de sentimientos que de teorizantes sistemas que encubren, en el amplio y tupido velo de la literatura, las verdaderas necesidades del organismo armado.

 Aquí como en todo el mundo, la consecuencia ha sido negativa, la presunción y el orgullo, por desgracia, tienden a perder a muchos. Queremos olvidar el pasado en merced del presente; pretendemos, por lo menos, desautorizar a nuestros viejos militares, cuando no despreciar sus canas y sus cicatrices; tenemos la pretensión de creernos superiores, porque un ligero barniz ha cubierto nuestra insuficiencia, y la disciplina se quebranta porque la Nación y los ejércitos se enlazan, se coordinan en la historia que encadena el pasado al presente, para avanzar hacia el porvenir.

 Talvez se crea que extremamos nuestras apreciaciones. No, pongámonos cada uno de nosotros la mano en el corazón; realicemos un análisis deductivo y señalemos las horas que dedicamos al estudio de la ciencia y de los hombres, pongamos al margen el tiempo perdido y el resultado definitivo entre lo útil y lo superfluo, entre lo que se refiere a nuestra carrera y lo que sale de sus límites, será desesperante.

 Tampoco optimismo alguno pesa en nuestro ánimo, ni nos declaramos pesimistas,  anhelamos el bien, rogamos a nuestros compañeros dediquen mayor interés a la educación militar, que el patriotismo, el amor a esta Patria, dotada por la naturaleza de todos los dones y galas, inspire todos nuestros actos y que la disciplina, de cuya conservación somos responsables todos, de Soldado a General; de Grumete a Almirante, sea la norma invariable, que no acepte acomodo ni contemporización alguna, para bien de Fuerzas Armadas y de nuestra República.

 Justamente, en estos tiempos de prueba, la reafirmación de los más altos valores que nos han dado nacionalidad e identidad, nos impulsarán a salir adelante.

 Enfrentamos grandes desafíos, pero ninguno es mayor que nuestra unión, nuestro esfuerzo, nuestra determinación. Esa unión, ese esfuerzo, esa determinación de cada ecuatoriano y de cada ecuatoriana, nutren la fortaleza y el vigor de nuestras instituciones.

 Los ecuatorianos sustentamos nuestro esfuerzo nacional en la disciplina, estabilidad y fortaleza de instituciones construidas con identidad histórica, sentido estratégico y perspectiva de futuro.

 Esas instituciones son las que hacen perdurable el esfuerzo cotidiano de hombres y mujeres. Una de esas instituciones construida con energía, visión y constancia, es ésta, mi querida Armada del Ecuador.